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martes, febrero 02, 2010

Zombieland, de Ruben Fleischer

La respuesta americana a los Beatles fueron... ¿los Beach Boys? ¿los Monkees?
No lo sé, nunca lo he tenido muy claro.
Lo que sí tengo por seguro es que la respuesta americana a la británica (y brillante) Shaun of the Dead es Zombieland.
Es decir, aprovechemos que hay una pasa de moda zombie (obviemos que gente que ahora aplaude este tipo de films hace cuatro días los aborrecía) y que en UK han hecho una comedia con muertos vivientes para hacer algo similar aunque con mucho más rock'n roll.
En ese sentido, Zombieland es la respuesta perfecta.
Sin llegar al nivel de la película de Simon Pegg (al fin y al cabo, ese era un film de género que respetaba las coordenadas preestablecidas y sus clichés para darles la vuelta... y este no), Zombieland es una gran y divertidísima road movie con personajes extravagantes que se beneficia de tres factores:
  • Un sentido del humor fresco y nada encotillado.
  • Una dirección que sabe lo que quiere y lo que quiere es bueno (la planificación de la película se nos devela como uno de sus puntos fuertes).
  • Unos actores con química. En especial, el temporalmente recuperado Woody Harrelson y Jesse Eisenberg.
Así, Zombieland es una película de Judd Apatow (pero de las buenas, como Virgen a los 40 o Supersalidos) con zombies, llena de grandes ideas (los nombres propios como Estados de los USA, las reglas de supervivencia herederas de Max Brooks...) y momentos de alto vuelo descacharrante (Bill Murray, vamos).

Zombieland, sin embargo, no está tan lejos de los clásicos como parece.

Al fin y al cabo, si a Romero le quitamos su cabaña perdida en la nada, su centro comercial y su base militar... ¿qué nos queda sino que un gran y abandonado parque de atracciones?

sábado, octubre 17, 2009

Infectados (Carriers) de Álex & David Pastor

El mayor riesgo que puede afrontar Infectados son las expectativas del público que pague la entrada. Tras una campaña promocional enfocada hacia el terror en su vertiente más zombiesca, el espectador se encontrará con un film diferente a lo que los trailers habían vendido.

Todo depende de la predisposición de aquel que se siente cómodamente en la butaca y acepte o no jugar a un juego diferente.

Un juego cruel, duro y más exigente que el que nos vendieron en la tienda.

Infectados es un peliculón de inicio a fin. Los hermanos Pastor nos meten de lleno en una historia apocalíptica sin más explicaciones ni preámbulos que nuestros propios temores. Como en La noche de los muertos vivientes, no necesitan crear antecedentes ni razonar el origen de una plaga que está asolando la humanidad: los personajes ya viven (y conviven y mueren) en ella.

Lo que vamos a presenciar es una historia aislada dentro de una gran Historia que se nos muestra lejana, que podemos componer indirectamente a través de conversaciones y escenarios, de detalles como los carteles en gasolineras e institutos abandonados. No hay televisiones ofreciendo las causas. A lo sumo, un predicador radiofónico que es la prueba viviente (y muriente) que todos estamos condenados. Todo el mundo muere, como dice uno de los personajes del film al inicio.

De pequeño leí La danza de la muerte, de Stephen King. De hecho, es la única novela que me ha producido pesadillas realmente aterradoras. Viendo Infectados, podría bien tratarse de una historia paralela a aquella, un spin off autónomo y sólido, tan desgarrador como la novela de King. No es baladí que el maestro del horror (maestro al menos en sus buenos años, de finales de los setenta a mediados de los ochenta) recomiende ahora fervientemente Infectados. Lo que no es poco.

Pero los hermanos Pastor no se quedan ahí. Han visto cine, y mucho. Y eso se nota en la película. Mad Max, de George Miller, era un western futurista ambientado en un mundo donde la gasolina escaseaba y las bandas de criminales pirateaban por carreteras interminables. Max Rockatansky (antes de convertirse en el nuevo héroe que Tina Turner necesitaba) era el policía/vaquero que primero combatía los locos del canonball y luego montaba en cólera (ese plano del zapato del niño rebotando sobre el asfalto) para iniciar una furiosa venganza. En el inicio de Infectados, el coche robado que conduce el cuarteto protagonista lleva pintado en su capó Road Warrior, que era el mote del personaje de Gibson en la trilogía australiana. Una simple pincelada que nos define el mundo en que nos han metido: un lugar apocalíptico, sembrado de larguísimas lenguas de asfalto, pero a la vez consciente de su ligamen con un mundo real, anterior, que se resisten a perder.

Y he remarcado lo de coche robado porque ese es otro de los aciertos del film. Los protagonistas no son perfectos americanos dispuestos a salvar el mundo. El personajes de Chris Pine (Kirk, en Star Trek, ojo) es un impresentable, el típico gilipollas que nos haría cambiar de acera si nos cruzáramos con él en un callejón oscuro. Así, Infectados desprecia (afortunadamente) el perfil mainstream en el que podría haber caído con un protagonista guapo y buena persona sufriendo por salvar a los suyos y, por extensión, a América. A cambio, nos ofrece un punto de vista diferente y nos plantea ciertos dilemas y puntos de inflexión a través de la dialéctica con su hermano menor, más reservado, en principio más inocente y solidario. Cualidades que se muestran inútiles en un mundo egoista devastado por la pandemia. ¿Qué haríamos nosotros en su situación? ¿cómo reaccionaríamos?

Resulta curioso que el primer largo de los hermanos Pastor sea una road movie sobre dos hermanos y su relación entre ellos. Que los personajes estén tan bien construidos, para ser una ópera prima (aunque Álex ya demostró un talento descomunal con su corto Larutanatural, y me queda por ver Orson, de David), y la historia tenga una idea tan clara de donde viene y a donde va no deja de ser una carta de presentación perfecta y una promesa de futuro esperanzadora.

Un futuro esperanzador que es el que no tienen los protagonistas de Infectados. Porque olvidaos de zombies, de criaturas hambrientas de sangre y de disparos a la cabeza. Los Pastor dejan las cosas muy claras: vivimos en un mundo que requiere sacrificios, y solo nosotros decidimos si vivimos y morimos solos.

El Doctor, flanqueado por Álex y David Pastor.

miércoles, enero 07, 2009

Mis apetitosos vecinos (aka The Mad)



Una granja en cuarentena produce hamburguesas de vacas tratadas con medicación comprada por internet para sanar la encefalopatía espongiforme. La carne se vende en masa a un poblacho de rednecks de fiesta mayor, donde una familia en crisis hace un alto en su camino a ninguna parte.

Los que comen hamburguesas se transforman en zombies.

Las hamburguesas saltan a la cara y a la yugular de los no infectados.

Un acabado Billy Zane y su hija viajarán hasta la granja después que su familia sea asesinada por unos calamitosos muertos vivientes para localizar el foco de la infección y destruirlo (mientras la hija intenta follarse al desquiciado hijo del granjero).

Que Billy Zane estaba acabado ya lo sabíamos desde que se hundió con el puto barco ese de Cameron. Que alguien pusiera dinero para realizar un telefilm tan absolutamente nefasto como este es lo realmente sorprendente. Ni es comedia, ni es terror, ni es nada. Diálogos tan estúpidos como los de The Spirit se suceden en una película que tiene los acabados de un subproducto erótico de madrugada en un canal local, pero sin el aliciente de ver tetas y culos. El director tiene el mismo talento que un jarrón de Ikea, y la historia no es que vaya a ningún lado, es que ya ni viene de niguna parte. A destacar la pelea de Zane y su hija con dos zombies mientras hablan sobre los pendientes de él, o el tono de sudársela todo a todo el mundo en todo momento que desprende este infraproducto.

Claro que, con ese título...

domingo, noviembre 09, 2008

Dead Set: El Gran Hermano de los Muertos Vivientes


-¡Has matado a Davina!
-Yo la contraté. Puedo hacer lo que quiera con ella.


Durante la expulsión de una de las concursantes del Big Brother británico, estalla una epidemia zombie en plena campiña inglesa.

El fin del mundo tal y como lo conocemos se avecina a una velocidad de espanto, y los participantes de esta edición del concurso tendrán un refugio fantástico: la casa aislada y repleta de cámaras donde se han estado odiando, discutiendo y acostándose unos con otros los últimos meses.

Cuando una de las supervivientes irrumpe en la casa, los concursantes creen que se trata de una broma del programa. Pronto descubrirán que la supervivencia es más dura que un simple reality, y que aquí están todos nominados.


Dead set es una miniserie inglesa de cinco episodios (no llega a las tres horas, en total) que respeta todos los códigos y estereotipos de cualquier producto sobre zombies que se precie. Desde escenas a carácteres y situaciones, pasando por las necesarias (y abundantes) dosis de gore desenfrenado.

Suplantando la primigenia casa del cementerio romeriana por el plató de Gran Hermano, Dead set vuelve a hablar sobre los seres humanos y las relaciones que se establecen en situaciones extremas. Y lo hace con una caligrafía meticulosa: la dirección es absolutamente cinematográfica, al nivel del último gran acierto en la temática Z como fue el Amanecer de los muertos de Snyder, e incluso un peldaño por encima de 28 días después.

Aquí los zombies corren, sí, pero solo cuando hay presas cerca. De lo contrario, vagarean tambaleándose o se dedican a despiezar a bocados los trozos de carroña que encuentran por el suelo.

Dead set no es perfecta. Como leí en Zombi Blogia (y con quien coincido plenamente), su historia nos la sabemos al dedillo, o los protagonistas aprenden a disparar demasiado rápido. Pero, a cambio, el ritmo es desenfrenado, y se nota que los que han llevado a cabo lo han hecho con mucho cariño (y talento). En el estilo, recuerda mucho a los cómics de Kirkman, o a Brian K. Vaughn. Mantiene el suspense como pocas y da algún que otro sobresalto.

Dos detalles para apuntar:
-El zombie en silla de ruedas.
-La irrupción bajo la canción de Mika. Nunca el apocalipsis tuvo una banda sonora tan alegre.

En tiempos en los que la Milá se cree que está explicando una historia interesantísima de niñatos ociosos encerrados en un spa para tontos, da gusto ver Dead Set.

martes, septiembre 30, 2008

Diario de los muertos, de George A. Romero


Puede que tras esta entrada, dejeis de leer el blog. Puede que no volvais más. O puede que me deis la razón y agradezcais que alguien lo diga en voz alta (o en tipografía Courier, como es el caso).

Y es que el cine de George A. Romero es un zombie. No un cine de zombies, no, que eso ya lo sabemos todos. Es un cine muerto, pasado, acartonado, que ha vuelto del pasado para seguir dando mordiscos con paso torpe.

Romero pertenece al siglo XX. Es de otro mundo. Cuando empezó a narrar dio a luz a todo un género, aunque fuera a base de copiar (solo hay que ver Last man on earth, con Vincent Price de protagonista, para darse cuenta que La noche de los muertos vivientes no es tan original como parecía). Pero el género le ha rebasado, atropellado y enterrado. Y lo único que hemos hecho los fans (porque yo tambien me considero fan) es rescatar a nuestro querido George de su tumba y enderezarlo para que vuelva a andar. Pero sus películas deambulan vacilantes, descompuestas, en medio de un género más vivo que nunca.



La tierra de los muertos
era, al menos, autoparódica y divertida. Diario de los muertos da como penilla, porque es como esas señoras mayores que se visten con ropas de quinceañeras porque no quieren aceptar que sus carnes cuelgan de todas partes.

Romero quiere ir un paso más allá con el uso de la cámara al hombro, cuando pelis como Holocausto caníbal, El proyecto de la bruja de Blair, Monstruoso o Redacted han ido evolucionando el género. Por no hablar de la referencia más directa que es REC, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, en la que se vive una infección zombie en primera persona.

Diario de los muertos quiere y no puede basarse en ese recurso. Intenta hacer un collage pero las piezas no encajan, y el punto de vista hace aguas por todos lados. La inclusión de algunas escenas montadas menguan la sensación de immediatez, por ejemplo. La imagen nítidamente telefílmica la convierten en producto televisivo de madrugada. La excusa argumental es insuficiente y no se sostiene.



A partir de aquí, la película avanza con un ritmo asincopado, con un montaje malísimo y con la sensación que te da igual lo que les pase a los protagonistas. De acuerdo que en las pelis de zombies casi siempre te acabas poniendo del lado de los no-muertos, pero no debería ser tan evidente. Romero nunca ha sido sutil, y siempre ha dejado claro que en sus películas hay cierto mensaje socio-político. En Diario de los muertos ese mensaje flojea porque es vago y difuso. Ya me imagino que quiere denunciar la frialdad de los media ante acontecimientos dramáticos y su influencia en ellos. Pero Romero no se explica bien.

No todo es malo. Hay un par de ideas conseguidas. Incluso el tramo final, cuando ya ha pasado el enfado por incluir fx digitales en los chorros de sangre (de los más baratos del mercado) tiene cierto interés. La idea de almacenar los familiares muertos dentro de una piscina llena de donde no se pueden escapar es lo que más me ha gustado de un film que, como va demostrando Romero con los años, ha vuelto de su tumba para morder a los incautos.




lunes, mayo 26, 2008

The Quick and the Undead


-¿Alguna vez has tenido sarampión?
-Sí
-Pero después te volviste inmune.

The quick and the undead, señores. No espereis a Sharon Stone, ella estaba con los vivos (qué sosa). Nos encontramos ante un western con zombies (¿Alguna vez os hemos dicho que los zombies pegan en cualquier tipo de género y situación?). Bueno, en realidad no están en el oeste, sino en una especie de futuro postapocalíptico donde triunfa la ley del más fuerte.

Si Clint Eastwood y Eric Banna tuvieran un hijo, a parte de ser infrahumano, protagonizaría esta película:

Tras una preparación a lo John Rambo en la que parece que se prepara para pescar, pegamos nuestro primer grito: ¡Dios mío, una moneda de 100 Pts! No es coña:
Clint, al igual que el manco, es un cazarrecompensas, solo que en vez de cazar forajidos, caza muertos vivientes. Con su cubo de cebo cual jefe Brody, va por los pueblos extendiendo la carnaza para pescar a los zombies, cortarles los dedos y ganarse una pasta. Viaja con un tontaina de compañero que en un pueblo decide venderle al Comando G, capitaneado por otro híbrido, esta vez de Joe Pantoliano y Bugs Bunny.


Tras pasarse de chulo, nuestro amigo Clint recibe un disparo en un duelo desigual y lo dan por muerto. Los pillos malandrines le roban el botín de dedos y escapan con él, dejando tirado a tontaina, que decide robar el guardapolvo y el sombrero de Clint (¡Craso error!)

Como no podía ser menos, Clint no está muerto (vaya chuzo de película si no) y decide ir a buscar su venganza.
Por el camino se encuentra de nuevo con el tontaina, lo maniata y se lo lleva por si las moscas. Aprovecha entonces para soltarle un discursito de lo legado que está en el tema de los zombies:

-Mata primero a los muertos más recientes. Su tejido muscular aún está intacto y pueden correr.

-Enfrentate siempre en campo abierto, no te metas en sitios cerrados.

-El virús zombie es como el sarampión y te lo curas como si te hubiera mordido una serpiente. Chupa la herida y escupe, que ya te harás inmune.

-etc...

Tras darse cuenta los pillos de que alguien los sigue, deciden dejar a dos de los hombres a esperarlo y matarlo, pero Clint que es más listo, manda primero al tontaina y cuando están a punto de matarlo aparece cual Eric Draven buscando venganza con el manido "Tú estás muerto". So gilipollas, si estuviera muerto arrastraría más los pies.

Ambos tienen pistolas, pero deben de ser de juguete, porque deciden liarse a empujones y puñetazos. Clint, que es un héroe de pacotilla, es arrebatado de su arma, pero por suerte aparece Jerónimo y su tribu, capaces de sacar las tripas sin desgarrar la piel com si fueran curanderos de la India.

El camino sigue y llega hasta un pequeño tunel. Es contradecir una norma, pero claro, hay que pasar. Los zombies mineros hacen acto de presencia, y Clint demuestra que el parecerse al auténtico y llevar sombrero y revólver no hace al pistolero. Su puntería es mala mala y a punto está de ser devorado, pero el tontaina lo salva a cambio de un mordisco. Discurso de lo perra que es la vida pero aplicada a los zombies (¿A quién le muerde un zombie a esta edad?). Disparo en la cabeza y se acabaron las tonterías.

Final de trayecto: los malos están en una casa esperando la noche y mientras Pantoliano se divierte alimentando un zombie con sus propias tripas (las del zombie, no las suyas). Descubrimos que Clint está liado con uno de los malos. Bueno, es mujer, claro, aunque a veces se parezca a Owen Wilson. Pero no sólo lo descubrimos nosotros, sino también Pantoliano, que decide usarla para atraer a Clint. Pero no saben que tiene un plan: apagar las luces de la casa, abrir la puerta a los zombies acumulados fuera y correr a estilo mariquita.

Se repite el duelo del principio: misma situación, mismo diálogo pero diferente final. Bugs tarda tanto en decidirse que los muertos se impacientan y de lo comen.

La película deja bien claro que los romances no tienen final feliz (todos hablan de su esposa convertida) y el de Clint no podía ser menos, así que ¡ñam! bocado en una pierna. Tras un pequeño cabreo, coge una espada, se sube a la azotea y se sienta allí como si nada. Y eso es lo que pasa, nada. La película se acaba como si nada. Pues vale.

Y viene la sorpresa... ¡Clint se llama realmente Clint!


Joder, si es igualito.



sábado, mayo 03, 2008

Fido, de Andrew Currie


Un cruce entre El gigante de hierro, Pleasantville y El Día de los Muertos. Así podría definirse Fido. Y ya está.
Fido se queda a medio camino de todo. Intenta ser parodia burtoniana pero se ciñe a un clasicismo inquebrantable. Intenta ser comedia, pero deambula por el melodrama. Intenta tener acción, pero medra en el ritmo de forma peligrosa. Se echa de menos algo de humor más negro y un poco más de violencia. Falta más zombies salvajes, y profundizar en ese concepto de la zona desprotegida más allá de las alambradas, que se vislumbra lo más interesante y desaprovechado del film.
Fido se deja ver. Arranca alguna sonrisa. Propone ideas interesantes (como la convivencia del american way of life con los zombies, usándolos como bien de consumo) y resulta previsible a la vez.
Buenas intenciones, al fin y al cabo.

miércoles, abril 16, 2008

El amanecer de los zombies


Como todo el mundo sabe, la traducción literal al español de House of the Dead 2 es El amanecer de los zombies. Como muchos de ustedes sabrán, la primera parte la dirigió el ínclito Uwe Boll, no solo el peor director de la actualidad, sino el que tiene el gancho de derechas más temible.

¿Qué se puede esperar de una segunda parte de un film horrendo?

Facultad universitaria, hermandad de chicas con tetas enormes. Un grupo de la fraternidad masculina(así de fácil, sin más complicaciones) se infiltra en el edificio de las féminas y rocía con pistolas de agua (llenas de cerveza) las camisetas de las mozalbetas. Senos descomunales de pezones erectos se bambolean ante la pantalla. Uno de los gañanes engatusa a una playmate de segunda para encamarse con ella y la fotografían en el acto. Ella grita (al tiempo que enseña sus generosas domingas) me estaba reservando para ti! Se enfada y se va. La secuestra el Capitán Spaulding y se la lleva a un laboratorio secreto de la universidad. La mata, la desnuda y la intenta resucitar en plan doctor Logan. Ella, vuelta a la vida en porretas, se lo zampa.

¿Quiere resucitar? Pregúnteme cómo

Bravo. En pocos minutos nos damos cuenta que estamos ante una de las estupideces más divertidas y desenfrenadamente hormonadas de los últimos años.

A pesar que los títulos de crédito muestran una epidemia Z, al volver al film no queda más rastro de ella que el capitán Spaulding mordiendo a un chef de cocina, y a una tía buenorra matándolos a los dos en medio del restaurante, pim pam pum, tiro en la cabeza. Han pasado (ejem, ejem) 29 días. El diálogo con su pretenciosa cita rápida a ciegas:

-¿A qué te dedicas? -pregunta él, acojonado.
-Mato zombies -dice la buenorra, sin vacilar.

La tipaja responde al nombre de Ruiseñor, y por lo visto es científica (así, en general) y compañera de trabajo del típico prota de telefilm al que bautizaremos como El Duque.

Me llamo Ruiseñor, y doy bastante morbo.

Son los dos científicos (sin especificar, insisto) que curran en una base militar que se dedica al noble propósito de erradicar epidemias de muertos vivientes. Como no podía ser de otra manera, los militronchos no pueden ni verlos, pero ellos se apoyan mutuamente porque (momento trauma) el Duque tuvo que matar a su propio hermano cuando se convirtió en zombie.

Los soldados se tiran el día disparando a dianas con las caras de zombies y de Paris Hilton, y tienen un vestuario común, donde ellos siempre van de uniforme y ellas en ropa interior. Que los hombres sean fofos o mayorcitos y las chicas estén bien formadas y turgentes es un detalle sin importancia. El comandante de la tropa es Sticky Fingaz, en el papel menos creíble de su carrera, y con tanta autoridad como un cartón de leche en un campo de abono. Y una de las chicas es Catalina de Me llamo Earl, que es tan verosímil como Carme Chacón pasando revista. El caso es que la ropa es tipo Paintball, y lo llevan todos, sean soldaditos o científicos. Su objetivo es buscar y encontrar el foco de la infección de la facultad.

Guys and Dolls

Resulta que los zombies, a medida que se van mordiendo, van mutando, y nos encontramos con diferentes generaciones con características peculiares para cada una. No os alarmeis, las únicas diferencias que he podido apreciar es en el tamaño de la boca con unas piñatas a lo Ronaldinho, o que a algunos les da por saltar cuando están cerca de la presa. Les han bautizado como hipersapiens, y tienen que encontrar el de la primera generación para lograr una vacuna, como con el mono de Estallido.

La expedición, por un bosque niebloso de noche, es de lo más variopinta, y tiene al típico gordito que crees que morirá el primero pero que va aguantando todo el metraje, el muy cabrón. Y eso que se caga al ver al primer zombie. Por suerte, un valiente soldado le da una somanta palos y lo deja tieso... a cambio de un pequeño mordisquito en el brazo. Los científicos dicen que hay que matarlo, y los compañeros que deben amputar. Tensión en el ambiente. Le arrancan la extremidad a machetazos pero es demasiado tarde y el soldado ya babea y se lanza a por carne fresca.

A todo eso que van llegando a la facultad y no encuentran a nadie. Está vacía. Solo hay un tipo sentado en la biblioteca, que ya hay que ser tonto para pensar que es un superviviente estudiando. Tiroteo, que atrae a más zombies, y ya la tenemos liada. Los grupos se distribuyen en dos: la zona chunga donde buscarán supervivientes (jajajajjajajajaj) y la zona más chunga donde buscarán el origen de la infección (sic).

Necesita mejorar

En la primera, que incluye las habitaciones de la fraternidad, se agradece que las señoritas resurrectas vayan con las pechugas al aire y estén de buen ver a pesar de su estado de putrefacción. El soldado mayorcito está de acuerdo conmigo, porque después de finiquitar a una se hace fotos con ella, en plan me la acabo de zumbar. Este pequeño ejercicio de humor negro desespera a una lesbiana amargada que va con el grupo, y que aprovecha la excusa más nímia para dejarlo fuera de combate y esposarlo a una estufa, a su suerte. Al tipo le pica un mosquito, lo que significa sí o sí que se va a convertir en un muerto viviente. Hala, sentenciado. Y si no, que se joda, por tener un sentido del humor que no es del gusto de la señorita.

Es un poco pasiva

El grupo de Sticky, el gordito, Ruiseñor y el Duque llegan al sótano, donde dos vigilantes de seguridad encerraron a un montón de zombies tras unas rejas que no aguantarán mucho ( apesar que llevan semanas ahí). A Sticky le muerden y se convierte en uno de ellos entre convulsiones tipo Chiquito. Creedme, ver al rapero imitar al cobarde de la pradera no es agradable. Este libera a los otros zombiescos y como están muertos pero tiene hambre se van directo al gordo, al que devoran en fila india, respetando los turnos escrupulosamente.

Ruiseñor y el Duque escapan de los muertos, que andan como si estuvieran en un campeonato de natación, moviendo los brazos en croll o mariposa, dependiendo del estilo individual de cada cadáver. Nuestros aguerridos científicos los electrocutan de la forma más cutre posible, y se quedan todos hechos chamusquilla en un pasillito. Mecachis. Ni un balazo en la cabeza ni nada. Unos calambrazos y fuera Z's.

Chispazo

A eso que la militar lesbiana dispara a Catalina porque le ha mordido otro muerto, así, sin contemplaciones, sin que Catalina se llegue a despelotar más que lo que enseñó al principio. Y nos deja con la miel en los labios (que es un eufemismo para decir que la queríamos ver en bolas).

En un momento de esos de intimidad y relax, Ruiseñor le explica el motivo de su apodo a el Duque. Era misionera en un poblacho de África y se infectaron todos sus habitantes. Ella solita tuvo que matarlos a todos para salvarse. Si alguien entiende qué relación tiene eso con su alias que lo explique en el apartado de comentarios, por favor, porque creo que ni yo ni el Duque lo acabamos de entender.

Es un flashback: vestido de traje, con perilla y tonos verdosos


Llegan al laboratorio del Capitán Spaulding y se encuentran al italiano de Gran Hermano y a su novia, que por muy demacrados que estén siguen vivos sin que nadie se explique cómo. Estos le explican que la primera hipersapiens está ahí, encerrada en una celda. Hay unos cuantos flashbacks explicativos con filtro de fotografía verdoso y actores lamentables, que explican como la chica enjaulada se ha convertido en una mezcla entre Norma Duval y Skeletor.

Norma Skeletor debe dormir

Total, que 29 días de supervivencia se van a tomar por culo cuando la parejita decide saludar de forma ridículamente borbónica a los científicos, que están extrayendo sangre a Norma Skeletor dentro de la celda. Miles de zombies les saltan por la espalda y los devoran. La puerta se cierra y parece que no hay futuro para el Duque y Ruiseñor.

Atrapados. Aún no es momento de copular

Cuando piensan cómo abrir la puerta, esta se abre sin que medie explicación alguna, y huyen de la facultad en plan épica. La lesbiana amargada les viene a buscar con la furgo, pero el Duque pierde la muestra de sangre. En un alarde de inteligencia, deciden que hay que volver no a por el tubito (que está en la carretera de entrada a la facultad) sino a por Norma Skeletor, para volver a pincharla.

Touch (six feet) Down

El Duque, Ruiseñor y la lesbiana amargada entran en la universidad en plan Grupo Salvaje, y se enfrentan a un grupo de zombies que estaban jugango a futbol americano en el estadio. Luego les persiguen las cheerleaders y sin comerlo ni beberlo se encierran en los vestuarios. Acorralados, solo tienen una rejilla de ventilación para escapar. El Duque traza un plan (literalmente) en la pizarra de las tácticas. Brillantísimo. Si la rejilla solo se puede abrir por el exterior, él saldrá e irá hasta la otra punta y la abrirá para que salgan. Fantástico. Abre a un zombie de cuajo y se unta con sus tripas (como si no hubiera peligro de infección). Sale afuera y anda entre los zombies, que le huelen y lo confunden con uno de los suyos. Que dices, si fuera tan fácil, untaos todos y largaos, gilipollas!


El zombie siempre cae por el lado de la mermelada

Los zombies irrumpen en el vestuario porque la puerta es de papel, pero el Duque ya ha abierto la rejilla y las dos chicas salen a gatas de allí. ¿A dónde? A otro sitio, qué más da. La lesbiana es mordida y se suicida. Pero pide que acaben con todos los zombies.

-Prométanmelo.
-Sí, claro -responde el Duque, que ya tiene ganas de quitársela de encima.

Con un hacha y un cuchillo se abren paso hacia el exterior, antes que el mísil que se ha lanzado desde la base militar destruya la maqueta y la deje ardiendo.

La facultad en llamas

El Duque se enfrenta al mordido por el mosquito, que se ha escapado y quiere vender la vacuna a la industria farmacéutica. Dice que se infecta poco a poco porque el mosquito tenía poca sangre, pero que bueno, que solo está allí para acabar jodiendo la marrana y destrozar otra vez la muestra de sangre.

Aparece la Ruiseñor por detrás, que se ve que se ha salvado, y mata al mosquiteado. Hala. A tomar por culo la bicicleta.

Los zombies se expanden y dominan el mundo y ya tenemos el apocalipsis encima. Habrá que buscar un camastro para follar de una vez, que tanta tensión contenida no puede ser buena.

Fin


miércoles, abril 02, 2008

El día... el despropósito de los muertos

-Por qué no llevas la pistola cargada?
-Es complicado.

-Vale. Yo soy vegetariano.


Diálogo real de la película, poco después de empezar.

El día de los muertos versión 2008 entra de lleno en el Low 5 de las películas de zombies: una de las cinco peores de la historia. Y eso la hace hasta entrañable, a saber:

El argumento es el mismo de Planet Terror: un virus creado por militares se escampa por un pueblecillo de paletos y los convierte en seres deformes con ansias de destruir i despellejar. Pero aquí el equipo técnico y los actores se lo creen.

No son zombies, son infectaos. Enjuto Mojamuto dixit.

¿Quién me ha robado mi queso?

Mena Suvari es la militroncha más inverosímil de la historia del cine, relevando a Goldie Hawn en el puesto.

Vingh Rames ha cobrado mucho dinero por echar cuatro gritos.

Los encuadres son al azar. La cámara nunca acierta a enfocar la acción.

La putrefacción es automática. Están sentados, estornudan, se les ponen los ojos en blanco y la cara de pizza (uno de los peores maquillajes de la historia, sin duda) es instantanea.

Si es que hay que pedir cita previa

Los zombies son saltarines y trepan por el techo y las paredes (aunque en ningún momento se ve araña radioactiva alguna picándoles).

Los zombies mueren al ser flambeados. Exactamente, el proceso es el siguiente: incineración, desintegración, explosión.

Los zombies, cuando quieren, actuan como si jugaran al Splinter Cell.

Los zombies detestan la tinta. Si alguien va tatuado, se comerán sus vísceras pero echarán la piel tatuada delante de la pantalla (el director se encargará de apartar la cámara rápidamente, no sea que le quede bien el plano).

Los zombies militares disparan sus fusiles mientras corren. No te preocupes, no saben apuntar.

Un zombie se come su propio ojo. Escena que me ha dejado intrigado y con la siguiente pregunta: ¿es el Ferràn Adrià de los muertos vivientes?

El acné, un problema que no es para reirse


Si un zombie muerde a una persona, échale cloro en la herida. El cloro lo mata todo, palabra de Mena Suvari.

Un hummer puede desmembrar un zombie en una escena. En la siguiente, otro zombie puede atravesar con la cabeza el parabrisas del mismo hummer.

La probabilidad de encontrar a un conocido o familiar infectado en cualquier sitio (ciudad, bosque, búnker) es siempre altísima.

Muertos vivientes, una cuestión de actitud

Si estás en un silo nuclear rodeado de zombies, acércate a ellos y grita para que te sigan. Orientando los propulsores de los mísiles correctamente (this hole towards enemy) aniquilarás la amenaza a la humanidad (que son ellos, no el grupo de tarados que has formado).

Cuanto más inteligente es un zombie, más rápido correrá. Los zombies inteligentes son los que llevan bata blanca de científico.

Si tienes un amigo vegetariano que se convierte en zombie, no te preocupes: no te morderá ni intentará comerse a nadie. Va en contra de sus creencias.

El susto final, amigos. Eso sí es terror inteligente.

lunes, febrero 25, 2008

Porn of the dead


Cinco relatos cortos, cinco historias sobre muertos vivientes y sangre. Todo un creepshow prácticamente, mudo, donde solo se abre la boca para comer, en el sentido más amplio del término. Esto es Porn of the Dead.

El Jacuzzi

Una zombie deambula solitaria por una calle de una urbanización cualquiera. Un redneck la recoge y la introduce en su pick-up. Parece inofensiva, y se deja llevar. Va vestida tipo enfermera de pabellón psiquiátrico, totalmente sucia y en un estado de putrefacción avanzado, pero parece que el paleto no tiene muchos complejos.

Al llegar a casa la estira en su jacuzzi del comedor (sic), que está forrado de plástico y papeles de periódico, porque por lo visto el tipo ya lo ha hecho antes y ni el cillit bang elimina las manchas de podrido que dejan las zombies.



Se va a vestir con su mono antibacteriológico, y vuelve armado con una escoba, pero la Z ya no está allí. Bueno, solo está la ropita, porque ella le pega un susto de agarráte y no te menees por la espalda y le rompe el traje (que muy bueno no sería) y cuando él ya se imagina devorado, ella le hinca el diente en todo el miembro viril. Zas, zas, zas, quién iba a decir que una muerta tendría tanta destreza con la boca. Lametón y succiones varias van eliminando el maquillaje del rostro, en lo que se podría interpretar como el antidoto contra los zombies: el sexo. A más follaje, más revitalizada parece. A la finada le va el doggy, y con los empujes del redneck se le va yendo la mugre. Y oye, bajo esa capa de mierda y sangre no está mal, la muchacha. Claro que poco puede disfrutar nuestro ínclito amigo porque a ella le entra la típica gazuza de después del coito y le arranca el cimbrel de un mordisco, lo que provoca no pocos quejidos del macho sureño y una gran fontana de sangre.

La solitaria



Una rubita inocente que escucha metal en su ipod (una música que taladrará insistentemente a cualquier espectador que desee escuchar algo en esta producción), con coletas y minifaldillita, se tumba en su camita en la habitación llena de pósters del superpop.

En la última promoción de la mítica revista debían regalar un dildo rosado, que ella ya aprendido a usar, y que introduce en su orificio íntimo para proporcionarse placer.



Se queda así como dormida y se despierta en la misma cama, con una luz verde y roja de lo más chunga, con un zombie sacándole jugo de su entrepierna. Por suerte, parece que el Z tiene dos órganos intactos: la lengua y el pene. Con la primera lame que lame que lamerás, la deja la mar de contenta. Con el segundo uno se plantea una duda: ¿se convertirà ella en un muerto viviente por infección a través del contacto de fluidos corporales?



Esa pregunta se la debe traer al pairo porque la rubita que ya no parece tan inocente engulle semen en cantidades industriales, al modo de orchata en pleno veranito.

Al final, el truco más facilón del mundo: todo era un sueño.

Rodando, rodando y acabé copulando

¿Por qué demonios hay tantos films porno en los que se muestra el rodaje de un film porno?
Aquí no podían ser menos, y una señora con un piercing muy raro en la vagina que tiene que rozar todo aquello que se meta dentro es la protagonista de la película que están rodando en un parque a media noche con niebla.

¿Es metacine? ¿Es tetacine?



El caso es que aparecen tres maromos de color verduzco que por lo visto no son zombies, son infectaos (enjuto mojamuto dixit) que se comen los higadillos del cámara y el técnico de sonido, y montan una gangbang sangrienta con la señorita. A destacar la megasilicona de ésta, cuyos pechos son tan esféricos como imposibles.



Por lo visto a ella le van los tíos descompuestos, porque le pone un esmero tremendo en dejarse penetrar vía anal/vaginal mientras absorbe una tranca no putrefacta. Los infectaos saben hablar, aunque solo sea para decir oh yeah, oh my god. A destacar que, si bien los dos primeros en correrse lo hace una efectividad envidiable, el tercero tarda lo suyo en descargar sobre la garganta de la siliconada, que pone cara de aburrimiento a la espera del disparo.

El Mad Doctor

Sabemos que es científico porque lleva una bata blanca. Deposita el cuerpo de una muchacha antaño lozana y ahora cadáver sobre una camilla, y le hace una reanimación algo particular. Mediante la técnica de la LYDEA (Lengua Y Dedo En Agujeros), frota y frota hasta que la despierta. Como quiera que sea que cuando uno vuelve de la muerte con un gran apetito sexual, la chica despelota al mad doctor y se lo zumba. Cabe reseñar que el hombre va más tatuado que Michael Scofield después de una noche de borrachera, y que le gusta practicar el bitch slapping con la boca de la resucitada.
Y no tiene más.

En la boca del mierdo

En un manicomio, un celador acosa una paciente desnuda con la cara destrozada. Se nota que se han acabado las ideas porque aquí solo se ven un montón de cruces en las paredes acolchadas (al modo de la peli de Carpenter), y una única acción: la cópula del celador con la carasudoku.

Pim pam pum, ella le arranca un dedo de un mordisco, él la pone mirando a la meca y le da su dosis de carne por el Ohio. Cuando él se confía (recordemos que se está desangrando via digital), ella le abre el torso y se zampa sus intestinos. Vale, de acuerdo. Fin.


viernes, diciembre 21, 2007

Soy Leyenda, de Francis Lawrence



Tener buena caligrafía no te hace buen escritor. Ese es el axioma que debería aplicársele a Francis Lawrence, en su segundo largometraje.

Francis Lawrence demuestra tener buen pulso narrativo, capacidad para crear tensión e imaginación desbordante para desarrollar atmósferas, pero por el camino se deja lo más importante: la esencia.

Constantine, la adaptación del comic Hellblazer, es una película inquietante y bien contada, pero que desposee el personaje de Gaiman de toda su naturaleza marginal. Soy Leyenda es un cuento bien explicado, que destruye el principal valor de la base literaria de Matheson: no hay debate sobre lo bueno y lo malo, lo monstruoso y lo colectivo.

¿Que queda en Soy Leyenda, pues? Un film con tantos aciertos como defectos.

En el capítulo de fallos encontramos:

Falta de respeto por la obra original. Hasta el extremo que ni siquiera el título llega a cuadrar con lo que explica la película. En la novela, Neville es leyenda para los vampiros; en la película, para los humanos.

Maldita extinción, ya no tengo comentarios en el blog.

Demasiado ordenador. He leído por ahí que Lawrence empezó a rodar usando a humanos con prostéticos , pero que los cambió por criaturas generadas por computadora porque no le parecían convincentes. El resultado es deplorable. No solo se notan los efectos digitales (lo que a día de hoy se considera pecado), sino que la concepción vampírica es de pena: gollums calvos de metro ochenta con ropas rasgadas, saltimbanquis silenciosos a medio camino entre zombies y los robots de Yo, Robot (a todas luces, muy superior a esta, aunque también se desviara lo suyo de Asimov). Odio realizar comparaciones entre cine y literatura, porque considero que son dos artes que pueden aportar perspectivas diferentes a una misma historia, pero es una lástima que destrozaran el planteamiento de Matheson de mantener cierto grado de humanidad en los vampiros (Ben Cortman llamando a la puerta de Neville, noche tras noche), para convertirlos en figuras anónimas que obedecen a un vampiro macarra de mandíbulas gigantescas, que solo gruñe y se golpea la cabeza con cristales.

El final. Aproximadamente desde la aparición del Deus Ex Machina. No lo revelaré, pero indigna.

En el de puntos positivos:
Una primera hora magistral, que recuerda a Náufrago de Zemeckis, con Will Smith en plan Hanks en medio de Nueva York. Los planos muy abiertos, la sensación de soledad, la caza de los ciervos desde el coche, los maniquíes vestidos por las calles. El guión de Akiva Goldsman recoge ideas de la kitsch Omega Man y Lawrence las mejora. Hay tensión bien mantenida, se perfila el personaje de Neville con claridad y acojona en pasajes como el primer encuentro con los vampiros. Esa escena en el edificio oscuro en busca del perro recuerda a REC, pero mucho más terrorífica.

Maldito correo comercial, cada vez más violentos llamando a la puerta.

El mensaje en la botella. Me llamo Robert Neville...

Will Smith. Que pese a quien le pese, es un tipo que no solo me cae bien sino que me gusta como actor. Aquí es capaz de aguantar el tipo en la parte del metraje en la que aparece solo. Quizá su papel recuerda demasiado al de Yo, Robot (quizá no, quizá con el tiempo no sabré distinguir un film del otro, y mezclaré un Nueva York devastado por vampiros robotizados que visten Nike y conducen Audis mientras se conectan con el Apple), pero su trabajo se sustenta tanto en el carisma como en la interpretación, y en Soy Leyenda cumple de sobras.

La relación con Sam. Que es una perra mucho más humana que el señor Wilson (recordad aquella pelota con ojas de palmera como pelos), y que humaniza el primer tramo del film, incluyendo escenas como la del baño con música de Bob Marley o el ataque de los perros vampiro.


Y en el apartado de cosas que no sé si me han gustado o no: ¿Por qué los vampiros a veces son mortalmente silenciosos y a veces parecen ratas chillando en un microondas?


Tambien es posible que mi opinión se vea influenciada por el ambiente próximo a la misantropía que despedía la sala de cine. Eruptos con olorcillo a chorizo, palomitas extracrujientes, audiocomentarios simultáneos de tres o cuatro personas en cada escena, pataditas en el respaldo, politonos de teléfono móbil, meneo de cubitos y sorber de pajitas, entre otras lindezas, fueron los responsables que me pasara toda la proyección dudando si el virus que ha convertido la población mundial en bestias de encefalograma plano que berrean y se mueven en manada no se había extendido ya.