lunes, diciembre 25, 2006

jueves, diciembre 14, 2006

Mortuary

Tobe Hooper, tras las infumables Toolbox murders y Dance of the dead, sigue en caída libre con este pastiche de Karate Kid, Poltergeist, The Puppet Master y El regreso de los muertos vivientes, que se postula como una de las peores pelis de zombies de la historia.

Una familia formada por Inma Mayol (teniente de alcalde de Barcelona), DanielSan y Punky Brewster se mudan a un caserón muy chungo. El padre ha muerto, aunque en ningún momento se preocupan por explicarnos de qué, y tampoco importa mucho porque los chavales ni se acuerdan de él. Lo mejor para superar tan grave pérdida es que la madre acepte el trabajo que le han ofrecido a miles de quilómetros de su ciudad natal: maquillar los muertos.



Nada más llegar a la casa, ya ves que la cosa va a terminar mal. Para empezar, la casa tiene el cementerio del pueblo en el jardín. Al menos los de Poltergeist tardaron unas semanas en enterarse que tenían un camposanto indio bajo los cimientos. Se ve que el antiguo maquillador era un guarro, porque la finca está que da verdadero asquito. La fosa aséptica se ha petado y llena de mierda de muerto todo el porche de tan bonito hogar. El interior, sucio, mal iluminado, crujiente, tétrico, no ayuda. A DanielSan le entusiasma, porque sabe que hacerse el siniestro le ayudará a ligar con las chicas. A Punkybrewster se la lleva floja. A la madre le hace una ilusión tremenda maquillar muertos... sin experiencia previa. El tipo que les recibe es un gilipollas con bastón que le tira los tejos a Inma Mayol, aunque por su mirada se diría que está más interesado en Punky.

Los niños de hoy en día son unos morbosos y no le tienen miedo a nada, así que mientras Punky se dedica a buscar a su padre en los ataudes que hay en el vestíbulo, DanielSan elige su habitación: el ático oscuro y con rejas en las ventanas, que tiene el nombre Bobby F. gravado en el alféizar. Si eso no es ir a buscarse la desgracia que baje Freddy y lo vea.

En el sótano, que es donde la madre trabajará, encuentra una llave. Se corta en la mano con ella (lo que digo, lo van buscando), y la sangre cae al suelo y se desliza al desagüe, que echa unos ruidos raros, como de monstruo abisal esperando en un vector de un universo paralelo a que se le invoque para llegar a dominar nuestro plano dimensional. La llave tiene forma de estrella, que es una forma de decir que abrirá la cosa más insospechada, en plan Tomb Raider.

DanielSan va a la única cafetería del pueblo a pedir trabajo, y una mujerona fumeta y exalcóholica se lo da a la primera de cambio. El adolescente y las dos putonas del pueblo se ríen de él en la cara, quizá porque es la primera vez que ven a alguien de su edad. A destacar las increíbles tetas de la putona rubia, hinchadas a base de la materia encefálica de los tres lumbreras. Como el villorrio es aburrido, DanielSan se da un garbeo por el cementerio, a fumarse un peta, donde es perseguido por una sombra chunga que le asusta y le hace trastabillar, pero que no va a más, porque solo llevamos 20 minutos de peli y no es plan de cargarse al protagonista. La que sí que lo pilla es Inma Mayol, que en contra de su política progresista, le mete una buena bronca por fumar chocolate y no coser muertos como hace ella.



DanielSan, que ya vemos que es el que lleva el hilo de la peli, empieza a trabajar y, oh sorpresa, se encandila de la sobrina de la mujerona de la cafetería, una especie de Lindsay Lohan morbosa con un amiguete sobón. Los tres adolescentes del pueblo no pueden soportar ver tanta juventud junta, y se pelean con DanielSan, al rescate del cual no acude ningún Miyagi. ¿Ya has conocido a Bobby Fowler?, le preguntan, a lo que el chaval, como en Memento, no relaciona con la inscripción en su ventana, que ha visto el día anterior.

La madre recibe la visita del sheriff (y único policía del pueblo), que le pide que vigile bien su jardín, porque quieren acabar con los bebés del cementerio. Deducimos que la rubia tiene unas peras así de grandes porque lleva unos cuantos bombos en su haber.



Por la noche, la Lindsay Lohan viciosa y su amigo sobón le explican la historia de Bobby Fowler a DanielSan (que se parece a Mike Meyers de pequeño). Muy original no es: niño feo que es odiado por sus padres, niño feo asesinado por sus padres, niño feo que vuelve de la muerte para matar a sus padres. Una vez tenemos el concepto niño feo bien claro, nos damos de bruces con los tres adolescentes visitando el cementerio para copular. Se meten en una de las criptas porque en principio es más guay, y allí hay la sombra rara de antes que les acecha. Tengo dos malas noticias:no distinguimos si la sombra es fea o no, y la rubia no llega a enseñar las domingas.

El sótano de la madre se llena de muertos podridos (por lo visto, la fase de putrefacción cadavérica en ese pueblo empieza tres minutos antes de la muerte, y se acelera en las primeras horas), y DanielSan descubre que el amigo sobón es gay (como todo buen amigo sobón que se precie), por lo que tiene vía libre si quiere ligarse a la viciosa. Lo tendrá difícil, porque los adolescentes profanadores de tumbas (menos la rubia) aparecen en el bar... podridos. Son violentos, se mueven entre espasmos y vomitan sangre a chorros. Incluso vomitan dentro de la boca de la mujerona. Mala señal.

En esas que hay un accidente en la autopista y el tipo del camión le llena la casa a Inma de ataudes con cadáveres. Ella, que iba lenta cosiendo brazos seccionados, ya no da abasto, así que se deja infectar por la sangre en forma de planta clorofílica, que es mucho más cómodo convertirse en un ser irracional controlado por una voluntad superior, además de permitirse no tener que limpiar la casa. Cuando DanielSan, el Boris de Wichita y la Lindsay Lohan del Chocho Mojado aparecen para cenar, y se encuentran que Mamá Ultracuerpo les ha preparado sopa negra como el virus ese de Expediente X, empiezan a plantearse que en el pueblo pasan cosas raras.

Con este alarde de deducción propio de Sherlock Holmes, y quizá porque Mamá Ultracuerpo intenta matarles a machetazos cuando le echan sal a la sopa, deciden huir. Y qué mejor huida que por la cripta donde desaparecieron los adolescentes vomitones. Allí dentro se encuentran a la rubia, que no estaba muerta ni de parranda, pero que aún va escotada, y que dice que Bobby Fowler les ha metido un mal bicho en el cuerpo y todo eso que ya sabemos porque lo que se dice sutil, sutil, esta peli no lo es. Mamá Ultracuerpo les sigue, y el virus negro se expande por la casa y se mete en los cuerpos de los cadáveres de la autopista, que regresan a la... ¿vida?

Bobby, que es tan feo de mayor como lo era de niño, secuestra a Punky Brewster y se la lleva a su escondrijo como a una vulgar Natascha Kampusch. Su hermano mayor, DanielSan, acude al rescate, pero se encuentra que la casa está rodeada de zombies. O algo parecido, léase el poli de los bebés del cementerio, la tía de Lindsay, Mamá ultracuerpo y los adolescentes vomitones. Dentro, los muertos de la autopista duran poco, porque en cuanto descubren que la sal les mata, los evaporan como a la bruja malvada del oeste. La rubia, que se contagia como el que tiene pis, muere la primera.

Bobby se lleva a Punky al sótano donde hay el bicho ese del desierto de Star Wars, que se comió a Bobba Fett. ¿Será Bobba Fett pariente de Bobby Fowler? Pero la cosa ha perdido la gracia porque DanielSan, su novieta y el próximamente muerto amigo sobón tienen media fábrica de Sal Costa en sus mochilas, con la que dan pasaporte a los zombies porculeros. Luego echan los restos al pozo del bicho ese raro y se van corriendo porque las catacumbas van a rebentar y blablabla, lo de siempre.



Cuando salen, y DanielSan y Punky se han quedado huérfanos de la forma más dramática posible, y Lindsay calcula si está en sus días fértiles, reaparece la madre y se lleva a la niña, y un cacho de virus negro absorve a DanielSan a las profundidades del terror. Del terror de película que da a su fin con el vergonzante nombre de Tobe Hooper, que me ha hecho perder otros 80 minutos de mi vida con este engendro.

jueves, diciembre 07, 2006

They are night zombies, de Sufjan Stevens


No toda la música acerca de los merodeadores se basa en la estridencia de cuerdas que popularizó Romero, como ya vimos con los Naked Apes. Cantantes como Sufjan Stevens demuestran que los muertos vivientes son temas tan válidos como los corazones rotos o los amores de juventud. Incluso algo más crudos.




I-L-L-I-N-O-I-S! Ring the bell and call or write us
I-L-L-I-N-O-I-S! Can you call the Captain Clitus?
Logan, Grant, and Ronald Reagan
In the grave with Xylophagan
Do you know the ghost community?
Sound the horn, address the city

(Who will save it? Dedicate it?
Who will praise it? Commemorate it for you?)

We are awaken with the ax
Night of the Living Dead at last
They have begun to shake the dirt
Wiping their shoulders from the earth
I know, I know the nations past
I know, I know they rust at last
They tremble with the nervous thought
Of having been, at last, forgot

I-L-L-I-N-O-I-S! Ring the bell and call or write us
I-L-L-I-N-O-I-S! Can you call the Captain Clitus?
B-U-D-A! Caledonia! S-E-C-O-R! Magnolia!
B-I-R-D-S! And Kankakee! Evansville and Parker City

Speaking their names, they shake the flag
Waking the earth, it lifts and lags
We see a thousand rooms to rest
Helping us taste the bite of death
I know, I know my time has passed
I'm not so young, I'm not so fast
I tremble with the nervous thought
Of having been, at last, forgot

I-L-L-I-N-O-I-S! Ring the bell and call or write us
I-L-L-I-N-O-I-S! Can you call the Captain Clitus?
Comer and Potato Peelers! G-R-E-E-N ridge! Reeders
M-C-V-E-Y! And Horace! E-N-O-S! Start the chorus

Corn and Farms and Tombs in Lemmon
Sailor Springs and all things feminine
Centerville and Old Metropolis
Shawneetownn, you trade and topple us
I-L-L-I-N-O-I-S! Hold your tongue and don't divide us
I-L-L-I-N-O-I-S! Land of God, you hold and guide us

miércoles, diciembre 06, 2006

Z-Day, por Jesse Custer

12/12/07
05:45
Faltan diez minutos para el salto y aquí arriba no hay nadie a quien le parezca una buena idea. Algunos rezan, encomendándose a un Dios que parece haber borrado a los Estados Unidos de su mapa particular. Me alisté hace poco más de un mes y ya he oído al menos quinientas versiones de cómo empezó todo. Un arma biológica, el ataque definitivo del puto Bin Laden, demasiada televisión, la madre naturaleza cumple su venganza. Nadie sabe que pasó, pero en menos de quince días la mitad de la población de la máxima potencia mundial se estaba comiendo a la otra mitad. Literalmente.
Suena el pitido, la luz roja. Es hora de ganarse el cheque.


14/12/07
14:42
Inteligencia. Bonito nombre para un puñado de incompetentes. La caída fue mal, es muy difícil pisar tierra cuando apenas la ves y veinte dentaduras luchan por un pedazo de tus piernas. De los pocos que conseguimos tocar suelo solo la mitad llegamos al punto de encuentro. Cuatro hombres, dos fusiles, tres cargadores y una radio. Las noticias tampoco son alentadoras. Es casi imposible avanzar por tierra. Y ellos siguen igual. Llegan a la frontera deslizándose y cuando pisan suelo extranjero dan la vuelta. Lo mismo pasa con México.
Los zombies son patriotas.


15/12/07
01:25
Si queréis un buen consejo, no les disparéis a la cabeza. Olvidar todos esos tópicos, eso de que comen cerebros es una soberana chorrada. El otro día vi a tres comiéndose unas Nike, calcetines incluidos. Si huele a humano, es comida. De nuestro "grupo de asalto" quedamos dos. Mi acompañante, un francés con mala leche y más ilusión por vivir que la Reina Madre.
Tío, si lo conseguimos nos llevamos la pasta de todo el equipo. Mucho dinero.
Si lo conseguimos me hago vegetariano.
Dinero. Eso es lo que nos trajo aquí. "Alístate. Ayuda a los aliados. Haz tus sueños realidad". No nos apuntamos para devolver antiguos favores, quien lo diga miente o está completamente loco.
Mañana al amanecer entraremos. La luz del sol los deja como si se hubieran bebido media destilería del tío Jack.




16/12/07
08:45
La buena noticia es que tengo en mi mano derecha lo que hemos venido a buscar. La mala es que no tengo mano izquierda. El francés se quedó junto a ella y el resto de mi brazo en la entrada. Zombies con trajes de chaqueta, con chalecos antibalas y muy mala leche. O tienen memoria de lo que eran antes de morir o saben lo veníamos a buscar. Contraespionaje zombie. Sí, estoy empezando a delirar.
Pegaso, aquí Icaro. Paquete listo para la extracción.
Recibido Icaro. Suba a la azotea, en cinco minutos llegará su taxi. ¿Pasajeros?
Casi uno.
Aprieto el torniquete para que el dolor me despeje un poco y me de el valor suficiente para llegar arriba, sin pensar en cuantos encontraré en el camino o en si son ocho o nueve las balas que quedan en mi último cargador.
Pienso en mi cheque multiplicado por dieciséis, en la sonrisa de mi ex –mujer, la visión más horrorosa de la tierra. Y abro la puerta.

Relato del gran Jesse Custer.

domingo, noviembre 19, 2006

Minutos musicales: Naked Ape



Llamadme necrófilo!

Ike el Soso


Ike Pynchon trabajaba como comercial en una corredoría de seguros en Wichita. Soltero, sin aficiones conocidas, Ike era conocido por sus compañeros como El Soso. De vez en cuando solía visitar a su madre, a la que llevaba ciruelas de su jardín. Ella siempre decía: no me traigas ciruelas, traeme nueras.
Un martes por la mañana Ike fue mordido por un indigente en el aparcamiento del Seven Eleven donde había ido a comprar zumo de grosella y pastelitos rellenos de crema de cacahuete. Esa misma noche muró, y a las pocas horas deambulaba por Wichita en busca de carne humana. Ike lo tiene fácil: la gente no le teme al verle acercarse. Todos le miran por encima del hombro, sonríen y murmuran: mira, es Ike el Soso. Nadie se percata de su quijada bañada en sangre y vísceras hasta que es demasiado tarde.

martes, noviembre 14, 2006

El diario de los muertos.

Si ayer hablábamos deel remake de La noche de los muertos vivientes, hoy hablaremos de lo que vendrá a ser la nueva entrega de la ahora pentalogía. El diario de los muertos, que ya se está rodando, narra la historia de unos jóvenes que van a un bosque a rodar una peli de terror y se encuentran con los queridos amigos podridos. Si es que están por todas partes.
¿Estará rodada al estilo Bruja de Blair? Le daría bastante realismo al asunto, como en el final de Amanecer de los muertos o Los últimos días de Andy. Esperemos un poco más, a ver qué nos depara..


lunes, noviembre 13, 2006

Llega una nueva dimensión...

...del frikismo. Porque nos llega otro remake de La noche de los muertos vivientes. Pero claro, algo tiene que tener para pasar los controles. Y ese algo es las 3D.
Creo que desde el experimento en las salas con la muerte de Freddy, no se ha hecho una peli en 3D. De hecho, ni siquiera sé si se estrenará en los cines o irá directamente al IMAX.
El maquillaje al estilo thriller, el guión vete tú a saber, pero los momentos de estar como un memo con tus gafitas de colores viendo como una plaga de zombies rompe las ventanas y alarga los brazos a dos centímetros de tu cara, ni se te ocurra perdértelo.



Refugio

Él es diferente.

Susana pasea por la casa, deshabitada, en silencio, en la penumbra de la tarde. El invierno se acerca más rápido este año, y las noches serán más duras. El televisor acumula polvo, las lámparas están rotas, las cañerías apestan a agua estancada. Ya nada es como antes, pero Susana vuelve una y otra vez. En la tribu no la echarán de menos, al menos en cuatro o cinco días. No es la única que desaparece. La mayoría vuelven, con el ánimo hundido y provisiones. Algunos no regresan. Otros, los menos, desandan el camino, pero ya están muertos.
Oye un ruido, leve, que le eriza el vello. Es él. Pero debe confirmarlo. Desenvaina el machete y se dirige a la ventana del comedor, que tiene los cristales rotos. Está segura en esa casa, la protegió con tabiques y maderas alrededor del jardín, sobre el muro de hormigón. Y ellos no saltan. Pero la primera regla de la supervivencia es no dar nada por sentado. La segunda es llevar el machete siempre encima. Echa un vistazo y no detecta movimiento. Agudiza el oido. Murmullos. Gemidos. Gritos ahogados. Llega un momento en que no los oyes. El canto de los muertos es constante, de día y de noche. Susana es fuerte, pero en su tribu ya ha habido tres suicidios. Manuel, el carnicero, quién lo iba a decir. Salió corriendo hacia ellos. Tenía una pistola, se podía haber volado los sesos, pero prefirió no derrochar la munición de los que quieren seguir con vida. Manuel era un buen tío, y fuerte. Tuvieron que disparar dos cartuchos con la escopeta para acabar con él, al día siguiente. Joder, ni siquiera puedes usar la palabra matar, porque ya estaba muerto. Susana abre la puerta y sale al huerto, donde arranca un tomate. Le escupe y lo frota con el pantalón. Ropa ajustada, regla número tres. De un mordisco se lleva la mitad, y el jugo le resbala por la comisura de los labios. Se pregunta si ellos sentirán lo mismo. Luego se pregunta por qué estará haciendo ruidos, en el sótano. Él nunca duerme. Solo forcejea.

Él es diferente.

No hay luz, pero se sabe el camino de memoria. Susana recuerda las películas que vio de cría, con sus amigas. Entonces gritaba cuando el protagonista bajaba al sótano, a comprobar los fusibles, y el asesino o el fantasma le esperaba entre las sombras. Ya no hay motivo para gritar. Eso les alertaría, y los reuniría junto a la casa. Luego sería más dificil salir. Hay que ser pragmático. Y sin embargo no puede evitar que un escalofrío le recorra el espinazo, recordándola que aún sigue viva. Él intenta librarse de las correas y las cuerdas cuando ella llega. Su piel está oscura, lleno de mugre, sangre y cortes. Ya no es el chico apuesto que Susana conoció en la universidad, antes de la llegada del infierno. Los ojos desprenden ira y miedo, y bajo la mordaza rezuma bilis. Ella se sienta enfrente, en la mecedora de madera de la vieja propietaria de la casa, fuera quien fuera. Le mira, mientras acaricia la hoja del arma, simulando despreocupación. ¿Qué nos diferencia, Bruno? Le pregunta, y él dobla los esfuerzos para alcanzarla. Apenas les separan un metro y medio de ansiedad. Él parece articular palabras, pero solo son ruidos inconexos. Más o menos como cuando Susana lo encontró en su caravana, con Eli. Se supone que en estas circunstancias los lazos se estrechan. Se supone que él tenía que estar allí para protegerla, para cuidarla. Se supone que era su hombre. Susana no se quita de la cabeza la imagen de Bruno follándose a Eli como un animal, sin percartarse de su presencia. Aprieta el mango del machete. Es Eli la que reacciona y le aparta, pero él embiste, se ríe, y persiste, como hace ahora, atado a la pared, con la ropa rota y las heridas abiertas sobre la carne.

Él es diferente.

¿Crees que me costaría acabar contigo? Susana mató a su hermano pequeño. Fue el día anterior a la llegada del infierno, cuando aún no se sabía nada. En realidad, no se ha avanzado nada desde entonces: los muertos vuelven a caminar, y atacan a los vivos. Solo se puede terminar con ellos destruyéndoles el cerebro. Es por eso que los palos, los machetes, las maderas o las mazas van tan bien. Las armas de fuego escasean, y la munición es nueva moneda de cambio. Pero el día del infierno no se sabía nada de eso. Jaime, el hermano de Susana, volvió del colegio. Un hombre le había mordido por la calle, pero él había podido huir. Jaime se había quedado dormido sin comer. En la televisión avisaban que en los ambulatorios y hospitales acudía la gente en masa. Se desconocía el virus causante de la enfermedad, pero se pedía que no se colapsaran los servicios de urgencias si el caso no era muy grave. Por la mañana siguiente, Jaime despertó a Susana. ¿Has tenido una pesadilla? Jaime intentó morderla y Susana lo apartó de un manotazo. No bromees. El gemido del crío la asustó, y fue a buscar a su padre. Cuando llegó al dormitorio gritó. Un charco de sangre cubría las sábanas, y un reguero de tripas serpenteaba sobre las baldosas. Al dar media vuelta, vio a Jaime con más claridad, en el umbral de la puerta. Pálido, con la boca abierta y roja como una rosa sobre la nieve. Pegados a la mejilla, cachitos de la carne de su padre. Susana no recuerda haber llorado, pero los ojos le dolían como si hubiera aspirado salfumán. Cuando Jaime se abalanzó sobre ella, intentó esquivarlo, intentó hablarle, intentó detenerlo, sujetándole de las muñecas. Pero Jaime solo mordía y mordía y mordía. Cuando Susana lo empujó contra la mesa, Jaime se golpeó en la cabeza, y cayó como un peso muerto. Al acercarse, temblorosa, el niño miraba el techo, pero estaba inerte. Ella le abrazó, y vio el craneo hundido. Pero no sangraba.

Él es diferente.

No le había costado atraerlo hasta aquí. Después de que Bruno y Eli desaparecieran de la tribu, Susana se dedicó a cazar a los muertos. Salía junto a Javi, y eliminaban a todos los que encontraban en los alrededores del campamento. Era como un deporte, en el que Javi y ella competían por cual de los dos daba pasaporte a más caminantes. Por eso, cuando unos meses después encontró a Bruno, trazó su plan. Lo capturaría y lo encerraría en su particular refugio. Ella misma sería el mejor cebo. Cuatro días más tarde, Susana se mecía frente a su antiguo novio.
Prometiste que me cuidarías. Prometiste que me amarías. Prometiste que nunca me dejarías. En la oscuridad, Susana percibe que Bruno deja de sacudirse. Se levanta y se va al piso superior. Se prepara una cena con las verduras y una lata de anchoas en conserva. Controla los accesos, y todo parece en orden. Se echa en el sofá y se queda dormida.
Un ruido la despierta por la mañana. No sabe qué hora es pero tampoco importa. Los relojes ya no tienen sentido en este mundo. Mira por la ventana, y ve que tras los muros se empiezan a agolpar algunos muertos. Es posible que la huelan. Es posible que huelan a Bruno. Tiene que darse prisa si quiere volver a la tribu sin problemas. La bicicleta está recostada sobre las pilas de libros de un despacho. Susana prepara una mochila con comida y se dirige a la puerta. Lo repiensa, da media vuelta, y se encamina al sótano. Bruno gime y se agita. Bruno nunca duerme. Susana sostiene el machete con fuerza, pero sus manos sudan en abundancia. Está nerviosa. Muy nerviosa. Se acerca a Bruno, le aproxima el hierro a la cara, y con un gesto seco le arranca la mordaza.
¡Hija de puta!
Susana le clava la hoja sobre la ceja derecha, y ésta se hunde con un crujir de huesos. Repite la embestida. Una vez. Otra. Y otra. Cesan los espasmos en Bruno. Y luego otra.

Él era diferente.

jueves, noviembre 09, 2006

No profanar el sueño de los muertos (2ª parte)

Y donde digo Guthrie digo Saddam Hussein, porque el ahora barbudo iraquí parece ser que está detrás de la oleada de muertes en este pueblucho del midlands inglés, donde solo viven un matrimonio raro de tio cabezón con mujer toxicómana, la dueña de un hotel con su hija con síndrome de down, tres trabajadores del departamento de agricultura, una conserge de hospital, un juez, un médico, un inspector de policía y seis agentes.

Saddam, colgao por la carne fresca


La historia adquiere tintes hitchcockianos cuando el hijoputa del inspector se empeña en cargarle el mochuelo al pobre Nick Nolte/Brad Pitt, convirtiendo un cuento de zombies en la clásica persecución al falso culpable. En este ambiente opresivo (nótese el sarcasmo), Brad Nolte y Rosario Mohedano (la que confunde las marchas) se van con el coche a un cementerio, a vete tú a saber qué hacer. Es de todos conocido que los cementerios de la campiña inglesa tienen mucho de gótico y macabro (llamad a Conan Doyle y que os lo cuente él), y por eso deben ir allí, porque si fueran a la panadería la cosa perdería gracia. Un agente de policía les sigue, con tan mala fortuna que será el único que no salga con vida del camposanto. Resulta que a los muertos les ha dado por levantarse, y despertarse con un humor de perros. Nuestros intrépidos (a la par que sosos) protagonistas se encierran en la iglesia cuando ven que Saddam (con su título de animador social en la mano) monta la Fiesta de las Lentillas Rojas. Total que estos zombies además tienen muy mala idea, porque se ayudan entre ellos para alzar lápidas o forzar la puerta. El poli, en un alarde de inteligencia, sale a buscar su walkie para pedir ayuda. Lo consigue, pero nadie le oye, y su gesta heroica solo sirve para que un anormal muerto de estos le aplaste la pierna con una lápida de cartón piedra. Entre todos le desgarran la piel y a bocados se lo reparten. Lo que pasa es que a los muertos no les han enseñado a comérselo todo antes de pasar al siguiente plato, y cuando llevan medio hígado ya vuelven a acosar a Brad y Charo, que ponen cara de no estar pasándolo muy bien en esa fiesta. Estos zombies no mueren de un impacto cranial, sino quemados, como descubre Brad Nolte, y como está dispuesto a hacérselo saber al mundo. Pero cada uno por su lado, ojo. Ella coge el mini y se va a algún sitio (la narrativa no es el prodigio de este film, amigos), y él coge el coche y... las llaves las tiene el poli muerto! Pues nada, corre que te corre a la máquina ultrasónica, donde se enfrenta a los señores del mono blanco y les jode el cacharro.
Los zombies no entienden de glamour

Parece que no sirve para mucho, porque a ella se le ha hecho de noche (lo de esta mujer con los coches es tremendo), y se ha metido en una carretera con mucha niebla. Y donde hay niebla hay muertos con hambre, así que sale su cuñado para echarle un bocado, pero ella que tampoco es tonta del todo, sabe que eso no puede ser bueno, y huye.

A todo esto aparece el juez por primera vez, y resulta que es Tristanbaker. El lumbreras, al ver el cuerpo masticado del policía, se inventa la teoría que esto lo han hecho sectas satánicas. Al inspector le falta el tiempo de acusar a Brad Nolte de satanista y salir a su caza.

El juez Tristanbaker y su amigo, el Inspector Joputa


No se entiende mucho como vuelven a estar juntos la parejita ideal, solo vemos que ella está muy asustada y confunde a la niña del síndrome de down con un zombie, y ya vamos viendo que los problemas de toxicomanía de su hermana igual no son los únicos problemas de la familia. Él va para el cementerio (que ya son ganas), y los polis le tienden una trampa cutre y le detienen. Le encuentran en el macuto (¿qué macuto?) unas figuritas satánicas, y él dice que es vendedor (¿desde cuando?) y que el Diablo está de moda (cielos, ¿otro yonki suelto?), así que cava su propia tumba (no literalmente, pero poco le falta).

Charo Mohedano va a ver al hospital , donde el Peter Cushing hidrocefálico tiene encerrada a su hermana. Allí tambien llevan al cuñado (qué mal gusto, toda la familia pudriéndose en la misma planta), que se despierta y resucita a dos muertos para que le hagan compañía (se ve que los muertos no soportan la soledad, y necesitan compartir la comida). Juntos se zampan a la conserge, que parece la recepcionista de Luz de Luna. Pero ojo como se la zampan: se reparten una teta para ti, los genitales para mi, el ojo para ese...

El que parte reparte y se lleva la mejor parte

A Brad Nolte ya todo le da mucho mal rollito y va al hospital (en dirección contraria tendría que ir, a salir del pueblo bien lejos, pero como es ecologista...), donde ya está todo el pescado vendido. Incinera a los muertos, pega un par de hachazos, y rescata a Charo... ¡que se ha convertido en uno de ellos! Pues hala, a la barbacoa.

El inspector de policía, que le tiene ganas, aparece y mata a Brad Nolte como en el final de La noche de los muertos vivientes, con unas gotas de Peckimpah, si cabe.

Pero el twist final, que se ve a la legua, es que Brad Nolte resucita gracias a la recién reparada máquina ultrasónica, y mata al inspector estrangulándolo (que es la técnica favorita de estos zombies, que lo sepais).

Moralina: no profaneis el sueño de los muertos, que tienen muy mal despertar.


martes, noviembre 07, 2006

No profanar el sueño de los muertos, de Jorge Grau (1ª parte)

Aparte del cine de Jess Franco, con sus habituales orgías de sangre y sexo, fueron otras las películas nacionales que intentaron hacerse un huequecito entre el cine de terror, aprovechando el filón zombie que George Romero había abierto unos años atrás.
¿Y qué es lo que tenemos aquí? Pues una producción española, con una ayudita italiana y filmada en Inglaterra.
Ahí empieza la película precisamente con otro pseudo Nick Nolte de esos tan de moda y que tras salir de su oficina (que vete tú a saber de qué es, porque vamos) pone un letrerito que te llama la atención porque por una parte pone abierto y por la otra Cerrado por vacacaciones, con lo que deducimos que este hombre se va constantemente de vacaciones o que tiene un letrerito diferente para cada ocasión.
Se monta en su moto y se lanza por las calles de la ciudad, con planos generales y detallados a la par. Uno se empieza a pregunta ¿Y de verdad esto es una peli española? Pues no lo parece. Y claro, como contestando a tu pregunta, aparece una tía que de buenas a primeras se despelota en plena calle. ¡Ah, sí! Es española.
Planos muy bonitos de la campiña inglesa hasta que llegamos a una gasolinera, donde una mujer que intuimos que se acaba de sacar el carnet (porque confundir primera con marcha atrás es difícil) le atropella la moto. Bueno, no pasa nada. ¿Vas a X? No, voy a Y. Pues ahora vas a X, y aparta que yo conduzco. ¡Zas! Este tipo no ganaría un concurso de buenos modales, porque borde es un rato. Y lo que mola.
Tras unos instantes de conversación, llegan a la encrucijada en la que uno tiraría para un lado y el otro para el otro (qué mal suena), pero como sólo hay un coche, él decide acompañarla hasta la casa donde vive su hermana con el marido.
Atentos, que ahora viene el origen de los despertares: llegado a un punto donde no saben por dónde ir, él se baja para ir a preguntar a una granja cercana. ¡Quédate en el coche! ¿Conoceis alguna mujer que os haga caso cuando le dais una orden? Pues ésta no iba a ser menos. Nick se acerca al granjero, que está con un par de tipos probando un nuevo matabichos, que lanza ondas ultrasónicas (¡ahhhhh! por eso era, pillín). Aquí vienen algunas borderías más, y mientras, ella está fumando cerca del coche y se acerca un señor con unos andares como de jockey y con una lentillas de fantasía. Socorro, socorro. Ay, que me caigo al río.


No les quedaban las blancas.

Por supuesto, cuando la ayuda llega, no hay ni rastro del zombie. Habrá sido Guthrie, dice el chisposo granjero antes de explicar que era un vagabundo que se ahogó la semana anterior. Ella queda convencida porque dice que sí, que llevaba la ropa mojada (ya sabemos que el agua de Inglaterra no se seca hasta pasadas dos semanas mínimo).
Vuelta al camino y cambio de lugar a la casa de la hermana y esposo (¡Coño, si yo a éste lo conozco!). Un buen cuadro familiar, donde él se va de noche a hacer fotos a una cascada y ella decide preparse un pico, pero no se lo va a poder chutar, porque en esto llega "pies ligeros" Guthrie, que ha tardado menos andando a lo zombie que los otros en coche. Y no sólo eso, sino que por mucho que corra, siempre que mire hacia atrás lo tendrá pegado al culo. Bueno, el resultado es que al señor que conocemos de las series de por aquí se lo zampan para cenar y, de nuevo para cuando llega la ayuda, "pies ligeros" ha volado.

Así queda nuestro amigo.

Ahora se nos introduce un nuevo personaje, el de poli malo malo que no tolera que nadie le chulee, y menos dos hippies de mierda. Para él, la esposa lo ha matado, así que al psiquiátrico.
Tras robarle a la poli el carrete de fotos del cadáver, por si ver si sale el agresor, se registran en una posada y se van al hospital a ver a la hermana. Allí se entera Nick de que últimamente los bebés nacen con muy mala hostia y muy agresivos (a saber cómo quedarán las tetas de las madres).
Vuelta al aparato de ultrasonidos, acompañado por un doctor, donde les explican cómo funciona: afecta al sistema nervioso de los insectos, que es poco desarrollado, y por lo tanto al nuestro no lo afectaría. Pero claro, bebés y muertos no lo tienen tampoco desarrollado, así que... (qué efectos tan diferentes para 3 casos: muerte, agresividad y resurrección).
El carrete no revela nada, porque claro, los zombies no aparecen en las fotos. Tras preguntarle al dependiente si tiene una foto de "pies ligeros" Guthrie, les enseña la del periódico donde salía su cadáver ahogado. Dios mío, es él.

Continuará...

lunes, noviembre 06, 2006

Estallido en India

Nos han llegado notícias de un preocupante estallido zombie en la zona de Nueva Delhi y barrios limítrofes. Al parecer, han sido avistados vampiros, también, pero solo una filmación nos da fe de la cruenta irrupción de muertos vivientes en el lugar.


viernes, noviembre 03, 2006

Con un poco de tinta y acuarela.

Como no todo en este blog son películas, pero sí zombies, os dejo un dibujo que hice ayer, que tardó más en secarse que en hacerse. Lápiz, tinta china y un poco de acuarela líquida fue suficiente para ilustrar uno de nuestros queridos personajes. Que lo disfruteis.


lunes, octubre 30, 2006

The Zombie compilation.

Bueno, para que os vayais abriendo camino entre el mundillo de los zombies, os dejo el zombie compilation, una recopilación de escenas de películas de zombies de culto, acompañadas por la canción Don't fear the Reaper de Blue Oyster Cult.


domingo, octubre 29, 2006

Nueva york bajo el terror zombie, de Lucio Fulci

A gusto se quedó el que le puso el título a este pequeño clásico de la filmografía de los merodeadores.

Nueva York es un telón de fondo, una excusa argumental (si llega) para un film ambientado en el Caribe, y con zombies de voodoo. De hecho, el título original (Zombie) es de lo más explícito, y algún otro alternativo (Voodoo) acertadísimo.

Aunque no nos vamos a engañar, porque los títulos largos son chulos y Nueva york bajo el terror zombie, aunque inadecuado, es molón como pocos.

Vale, estamos en Nueva York, en los setenta, con las torres gemelas ahí en el skyline (oh, mira las torres gemelas) y un velero que se aproxima por la bahía. Guardacostas arriba, oye qué pasa, nos sale un gordo putrefacto y le arranca un cacho de brazo a uno. Tiro y al agua, todos muertos (unos más que otros). Y ya está.

A partir de aquí, los protagonistas son italianos simulando ser americanos (bueno, USA ya vendría a ser eso), en plena investigación. La hija del dueño del barco, sacada de su primera comunión, se encuentra con Peter West, intéprido reportero (un Hutch de pacotilla sin su Starsky). Como no les cuadra que alguien se muera en un barco y desaparezca, deciden zarpar a la isla donde el malogrado padre pasó los últimos años de su vida.

Hutch

La Virgen

Nick Nolte en plan aguantavelas

Y Saddam Hussein como el Médico Chungo

Para eso viajarán en un barquito con un matrimonio formado por el clon cutre de Nick Nolte y su mujer, que no se parece a nadie y que por eso mismo enseñara cacha en la segunda escena en la que aparece.

Tanga bien, gorro de baño mal.

De camino a la isla (alejándonos de Nueva York, señor traductor de títulos), la chica se queda en tanga de hilillo y bombona de oxígeno, y se lanza al agua patos a bucear ante la lasciva mirada de Hutch y la indiferencia de Nick Nolte B. Ahí un tiburón la acosa, momento de mucho miedo porque la tía no hace más que ponerse delante del escuálido, que parece más interesado en frotarse la panza con el coral que en zamparse a tan ricachona moza subacuática. Cuando ya ha creído escapar del tiburón, es un muerto viviente el que quiere hincarle bocado, con lo que la chica es rescatada con un ataque de nervios de tres pares de cojones.

El muerto viviente, que se ha quedado con las ganas, se enfrenta al tiburón en una de las secuencias más despatarrantes que he visto en pantalla. El tiburón debe ir drogado, porque el zombie consigue apresarlo y arrancarle un poco de aleta, de lo que deducimos que el pececito es sibarita.

Combate desigual

El primero que diga que los tiburones son mamíferos y no peces recibe un tiro en la cabeza.

Al llegar a la isla, se dan cuenta que no es un lugar paradisíaco. Todos los lugareños la están palmando bien, el pueblo está desierto, hay un montón de papeles por el suelo que eso siempre da mal rollo, y además el único occidental que queda es un médico chungo que acoge a los viajeros.

¿Qué pasa? Mal rollito. La isla tiene tanto voodoo por metro cuadrado que uno no puede ducharse ni tranquilo. En otra de esas escenas de desnudo gratuito que tanto disfrutamos, mientras una chica se ducha en el comedor de la cabaña con todas las ventanas abiertas, un muerto andante hace acto de aparición y se la quiere zampar. Se conoce que además de muerto es un hijodeputa de cuidado, porque el muy cabrón (descanse en paz) no tenía necesidad alguna de clavarle un astillazo en el ojo al romper una puerta. Vale, es de esas escenas que te hace poner una mueca de dolor y que volverás a ver tres o cuatro veces antes de que acabe la semana.

Morirá en la flor de la vida

Sea como sea, la pandilla de Scooby Doo coge un jeep y no tiene mejores planes que plantarse en casa de la finada. Allí llegan tarde al banquete. Cuatro o cinco tipos con muy mala cara se están pegando una comilona a base de las entrañas de la chica de la ducha. Como se les revuelve el estómago, salen de la casa, pero ya está todo plagado de zombies. Por suerte, corren poco, así que consiguen pillar el jeep y largarse al bosque. Como es sabido por todos, si coges un coche perseguido por zombies, las probabilidades de tener un accidente en un bosque siniestro de una isla semidesierta son altas. Lo tienen, y se meten pa lo hondo. donde puedan ser devorados con mayor facilidad.

Es el momento de la explicación racional a tanta locura. Entre árbol y árbol encuentran unas lápidas de los conquistadores españoles, de 500 años de antigüedad. Por lo visto fueron tan crueles que el mal se ha quedado todo ese tiempo en la isla. Carne huelo carne quiero, los conquistadores (Ramírez, Iñigo, y demás nombres de abolengo) se levantan de sus sepulturas con hambre. Susto, desgarro, tiro, carrera, mordisco, nuestros valientes amigos vuelven al poblado y se esconden en la iglesia, como si eso sirviera para algo. En la isla parece que sea agosto, porque se llena de golpe y porrazo. Un montón de zombies en ropas grises y resquebrajadas acosan la iglesia, sin darse cuenta que no va a haber para todos. Como se ve que son novatos en esto de aniquilar muertos vivientes, los protagonistas se dedican a dispararles al pecho y darlos por muertos sin más. Que sí, que muertos están, pero que hay que darles en la cabeza, que parece que no aprendemos. Se lía la de San Quintín cuando hay que prenderle fuego a la iglesia porque eso ya pinta mal, muy mal, y tienen que escapar pasando por encima del cadaver resurrecto del occidental misionero.
He intentado aplicar todas las disciplinas: bacteriología, virología... eincluso radiología. Hemos hecho pruebas de epilepsia y catalepsia... ¡y todo ha sido en vano! dice el médico antes de morir.

Malos tiempos para la lírica

Hutch y la de la comunión están intactos,pero el Nick Nolte B tiene las horas contadas cuando sube al barco que les hará abandonar la isla.
La palma, y los dos ilusos se creen que conservando su cuerpo (incluso después de zombie) hará que en USA puedan estudiarlo.
Pero al llegar a USA la situación no es mejor. Los zombies se han apoderado de Nueva York (ahí, ahí, traductor) y caminan sobre el puente de Brooklyn. A los habitantes no les parece importar mucho, a juzgar por el tráfico bajo el puente, pero a un pobre locutor de radio, que muere en directo como los valientes, es la última víctima de este apocalipsis caribeño servido a ustedes con grandes dosis de sangre, vísceras y descerebrados (vivos o muertos).

Ojo al humo que sale de las torres.


viernes, octubre 27, 2006

La isla no es lo que parecía

Plane dead.




Olvidaos de remakes de moda de pelis antiguas o de la mediocre Serpientes en el avión, una película que jugaba con el elemento de que le tienes que tener miedo a las serpientes para poder angustiarte un poco.
Ésta. Ésta sí que promete, y es que a ver quién es el valiente que no se acojona con unas hordas de zombies irrumpiendo en primera clase mientras te tomas tranquilamente una copita de champagne.
Un científico viaja a bordo de un vuelo de LA a París, donde lleva un cuerpo infectado por un virus. El avión acaba de pleno en una tormenta, donde el virús acabará liberándose. El resto no os lo cuento, que no creo que haga falta.



Joder, la acabo de descubrir y ya estoy ardiendo en deseos de que se estrene. Promete ser de lo más freak visto en mucho tiempo, y además no tiene a la Elsa Pataky y sí a Kristen Kerr, bastante más maciza en mi opinión.



Si eres un fanático zombie, babea, escupe, grita, mutila, masacre, come carne cruda, pero por lo que más quieras, no te pierdas esta película. Advertido quedas.





El día del juicio final