
-¡Has matado a Davina!
-Yo la contraté. Puedo hacer lo que quiera con ella.
El fin del mundo tal y como lo conocemos se avecina a una velocidad de espanto, y los participantes de esta edición del concurso tendrán un refugio fantástico: la casa aislada y repleta de cámaras donde se han estado odiando, discutiendo y acostándose unos con otros los últimos meses.
Cuando una de las supervivientes irrumpe en la casa, los concursantes creen que se trata de una broma del programa. Pronto descubrirán que la supervivencia es más dura que un simple reality, y que aquí están todos nominados.
Dead set es una miniserie inglesa de cinco episodios (no llega a las tres horas, en total) que respeta todos los códigos y estereotipos de cualquier producto sobre zombies que se precie. Desde escenas a carácteres y situaciones, pasando por las necesarias (y abundantes) dosis de gore desenfrenado.
Suplantando la primigenia casa del cementerio romeriana por el plató de Gran Hermano, Dead set vuelve a hablar sobre los seres humanos y las relaciones que se establecen en situaciones extremas. Y lo hace con una caligrafía meticulosa: la dirección es absolutamente cinematográfica, al nivel del último gran acierto en la temática Z como fue el Amanecer de los muertos de Snyder, e incluso un peldaño por encima de 28 días después.
Aquí los zombies corren, sí, pero solo cuando hay presas cerca. De lo contrario, vagarean tambaleándose o se dedican a despiezar a bocados los trozos de carroña que encuentran por el suelo.
Dead set no es perfecta. Como leí en Zombi Blogia (y con quien coincido plenamente), su historia nos la sabemos al dedillo, o los protagonistas aprenden a disparar demasiado rápido. Pero, a cambio, el ritmo es desenfrenado, y se nota que los que han llevado a cabo lo han hecho con mucho cariño (y talento). En el estilo, recuerda mucho a los cómics de Kirkman, o a Brian K. Vaughn. Mantiene el suspense como pocas y da algún que otro sobresalto.
Dos detalles para apuntar:
-El zombie en silla de ruedas.
-La irrupción bajo la canción de Mika. Nunca el apocalipsis tuvo una banda sonora tan alegre.
En tiempos en los que la Milá se cree que está explicando una historia interesantísima de niñatos ociosos encerrados en un spa para tontos, da gusto ver Dead Set.









Tras una preparación a lo John Rambo en la que parece que se prepara para pescar, pegamos nuestro primer grito: ¡Dios mío, una moneda de 100 Pts! No es coña:
Clint, al igual que el manco, es un cazarrecompensas, solo que en vez de cazar forajidos, caza muertos vivientes. Con su cubo de cebo cual jefe Brody, va por los pueblos extendiendo la carnaza para pescar a los zombies, cortarles los dedos y ganarse una pasta. Viaja con un tontaina de compañero que en un pueblo decide venderle al Comando G, capitaneado por otro híbrido, esta vez de Joe Pantoliano y Bugs Bunny.

Final de trayecto: los malos están en una casa esperando la noche y mientras Pantoliano se divierte alimentando un zombie con sus propias tripas (las del zombie, no las suyas). Descubrimos que Clint está liado con uno de los malos. Bueno, es mujer, claro, aunque a veces se parezca a Owen Wilson. Pero no sólo lo descubrimos nosotros, sino también Pantoliano, que decide usarla para atraer a Clint. Pero no saben que tiene un plan: apagar las luces de la casa, abrir la puerta a los zombies acumulados fuera y correr a estilo mariquita.
La película deja bien claro que los romances no tienen final feliz (todos hablan de su esposa convertida) y el de Clint no podía ser menos, así que ¡ñam! bocado en una pierna. Tras un pequeño cabreo, coge una espada, se sube a la azotea y se sienta allí como si nada. Y eso es lo que pasa, nada. La película se acaba como si nada. Pues vale.
Joder, si es igualito.









